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Posada Carriles :Un dilema moral

JOSÉ MANUEL PONTE
Estados Unidos, la nación que le ha declarado la «guerra duradera al terrorismo global», tiene un problema difícil de resolver. Un terrorista convicto y confeso, el anticastrista cubano Luis Posada Carriles, que trabajó a sueldo de la CIA, ha solicitado asilo político de las autoridades norteamericanas para evitar su extradición a Venezuela, de una de cuyas prisiones se fugó hace bastantes años. Posada Carriles cumplía entonces una larga condena tras haber sido acusado de hacer explotar, mediante la colocación de una bomba de efecto retardado, un avión cubano de pasajeros cuando volaba sobre territorio de Venezuela. En aquel trágico atentado, cometido el día 6 de octubre de 1976, murieron 73 personas. La colaboración de los servicios secretos norteamericanos en los preparativos de ese crimen está suficientemente probada, al haberse desclasificado recientemente varios documentos oficiales que así lo acreditan. Tras su fuga de la prisión venezolana, el terrorista se refugió en varios países centroamericanos y desde ellos, siempre a sueldo de la CIA, intervino en todo tipo de asuntos oscuros. Trabajó a las ordenes de Oliver North en el trafico de armas a favor de la contra nicaragüense desde territorio hondureño (lo que luego se conoció como «escándalo Irangate»), y fue asesor especial de los gobiernos de Guatemala y de El Salvador en tareas represivas. Además de todo eso, intento asesinar a Fidel Castro en varias ocasiones y dirigió la campaña de atentados con bombas contra instalaciones turísticas cubanas durante el año 1997, en el curso de los cuales murió un ciudadano italiano. En noviembre del año 2000 fue detenido en Panamá cuando preparaba un nuevo atentado contra Fidel Castro durante una Cumbre Iberoamericana de jefes de Estado, a la que también asistía el Rey de España. Juzgado y condenado por los tribunales panameños, pasó cuatro años en prisión hasta que fue indultado por la presidenta Mireya Moscoso, bajo sospecha de algún acuerdo económico. Como se puede comprobar, una vida muy agitada. El problema que se le plantea ahora al Gobierno de Bush es notable. El terrorista Posada Carriles, que ya ha cumplido 77 años, cree que se ha merecido una pacífica jubilación en el país para el que ha trabajado tan lealmente durante tanto tiempo. Si se le concede asilo político y, consecuentemente, se deniega la extradición solicitada por Venezuela, y apoyada por Cuba, el escándalo internacional está servido. Y si acepta la solicitud de las autoridades venezolanas se expone a revelaciones todavía peores y a la protesta de la colonia cubana de Miami, que tiene a Posada Carriles por un «héroe» de la lucha anticastrista. El dilema es tremendo. O aceptamos que todos los terrorismos son igualmente condenables, o proponemos una clara distinción entre terrorismos «buenos» y terrorismos «malos». La justificación moral de la violencia política siempre es hipócrita.( Editorial de La Nueva España)

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