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A un año del devastador Ike

A un año del devastador Ike

Apenas hace un año los habitantes de la provincia de Camagüey, sufrían uno de los peores embates que le azotaron en los últimos 40 años; el paso transversal de Este a Oeste y de Norte a Sur del huracán Ike, por espacio de siete interminables horas.

   El meteoro --que entró por el Norte de Holguín con categoría IV, comenzó su tránsito en horas de la madrugada y se mantuvo en su atronador y vertiginoso recorrido parte de la mañana del día ocho hasta salir al mar Caribe debilitado, pero preparado para otra carga contra el resto del occidente cubano

   El paisaje cambió para los camagüeyanos cuando fue posible asomarse a calles, balcones y patios.

   La escena era para la gran mayoría impresionante y nunca antes vista: postes, transformadores ,tendidos eléctricos y telefónico en el piso o convertidos en amasijos de cables, enormes árboles arrancados de raíces, ramas y árboles interrumpiendo accesos en calles, avenidas y aceras o simplemente sobre casas, escuelas, edificaciones.

   Casas sin techos, otras con derrumbe parcial o total, zonas cercanas al río Hatibonico, de la capital provincial marcadas por una rápida y severa inundación del cause.

   Muchos recordaron que ese es el día de la Patrona de Cuba, la Virgen de la Caridad, pero la naturaleza solo responde a leyes físicas y no respetó ni los ritos religiosos.

   No obstante la preventiva tarea de la Defensa Civil y los Consejos de Defensa en todas las demarcaciones evitaron una real catástrofe.

   Solo un fallecido por un imprudencia de permanecer en su casa tras ser evacuado fue el lamentable saldo humano en la mayor provincia cubana.

   Pero no habían pasado apenas horas y tras el normal aturdimiento de tanto  impacto de vientos de hasta más de 150 kilómetros por hora y fuertes e intensas lluvias, la gente con los órganos de dirección de la Defensa Civil al frente reiniciaron la recuperación y hoy tal parece que no ocurrió nada.

  La provincia posee un 45 por ciento de las viviendas afectadas, total o parcialmente,  recuperadas en medio de una severa restricción económica.

  La vida sigue y transcurre normal con sus aciertos y desaciertos, con el cotidiano bregar de un país asediado, sí, agobiado, por el bloqueo más intenso, increíble y brutal decretado por la nación más rica, “más humanitaria y democrática” del mundo contra una pequeña nación y sus pobladores.

   Los cubanos parece que traen en sus genes una capacidad extraordinaria para resistir y vencer, desde las guerras de los mambises contra los colonos españoles, luego contra los invasores de Playa Girón,  la crisis de Octubre, y la caída del campo socialista.

  O frente al  recrudecimiento del bloqueo de Estados Unidos con leyes como la Torricelli o Helms-Burton, huracanes devastadores, uno detrás de otros, y hoy contra la actual crisis económica mundial.

    Por eso los cubanos siguen en este pequeño y esplendoroso archiélago caribeño, rodeado de un hermoso mar, bellas playas y costas, con un sistema social, sí,  aún perfectible, pero al menos con el hombre en el justo lugar de su valor humano.(por Ileana Borges Díaz)

 

 

 

 



 

 

 

 



 

 

 

 

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